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En el Aljarafe sevillano, entre olivos milenarios y naranjos...

entre el Guadalquivir y el Guadiamar, a caballo de Sierra Morena y las marismas de Doñana, El Aljarafe esconde celosamente los secretos de una naturaleza milenaria
Entre los ríos Guadalquivir y Guadiamar, a caballo entre Sierra Morena y las marismas de Doñana, la comarca del Aljarafe esconde celosamente los secretos de una naturaleza milenaria. Nos encontramos en una pequeña elevación del terreno a las puertas de la ciudad de Sevilla. Pese a su reducida altitud (115 metros de máxima en el Cerro de Santa Brígida de Camas), destaca en el extenso valle del Guadalquivir como un elemento peculiar del paisaje. En esta meseta elevada o “Al-Xaraf”, como fue bautizada por los musulmanes, se ha producido en los últimos años un gran aumento de la población y un espectacular crecimiento urbanístico. A pesar de ello, aún quedan lugares propicios para el desarrollo de la vida silvestre. Fenicios, tartesios, turdetanos, romanos, andalusíes... hombres y mujeres han poblado estas tierras desde tiempos remotos atraídos por la fertilidad de sus tierras, su clima benigno, la abundancia de agua o sus vistas privilegiadas, elogiadas por cronistas y poetas. El célebre historiador griego Estrabón llamó a esta comarca la “Huerta de Hércules”, y el prestigioso matemático y astrónomo hispano-musulmán Ibn-Al-Saffar comparó su belleza con la del paraíso terrenal. Así, el paso de distintas civilizaciones ha dejado un rico patrimonio histórico y monumental que tiene en los conjuntos dolménicos de Valencina de la Concepción, el Tesoro del Carambolo o la ciudad romana de Itálica sus máximos exponentes. El Aljarafe está compuesto por municipios de reducida extensión nacidos al abrigo de primitivas villas romanas y alquerías musulmanas, que posteriormente darían lugar a las haciendas y cortijos, de sencilla arquitectura y blanco caserío, perfectamente integradas en el paisaje. En su interior, almazaras, molinos harineros, lagares y bodegas evocan la profunda vocación rural de la comarca, donde el cultivo del olivar ha sido la dedicación principal durante siglos. Especialmente relevante por su calidad es la producción de aceituna de mesa, de renombre internacional.

 

 

 

 

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